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    Slow living – la vida lenta

    Vivimos en una época de altas velocidades. Todo es rápido. La comida, la moda, la comunicación, internet, los transportes… ¡Absolutamente todo! Crees que tienes todo controlado y a la que te descuidas, los avances te han vuelto a atrapar y ya no vas a la moda, estás caducado o fuera de serie. Y eso a mí me daba la sensación de llevar una vida caótica, siempre por detrás de todo. La solución se encuentra en el slow living.

    ¿Què és el slow living?

    La definición de slow living viene del inglés y significa vivir lento. Es un estilo de vida opuesto a todo lo que he comentado más arriba. Se vive lento dando un paso atrás para disfrutar del entorno, del tiempo pasando, reconociendo las cosas por lo que son y mirando de vivir de un modo más tranquilo (también en puntos morales y éticos).

    Me cuesta un poco definirlo de forma correcta porque envuelve mucho y describirlo en pocas palabras parece que le cambia el sentido. Es un sentimiento de vivir conectado con el entorno, sin estrés de correr de un sitio para otro, sintiéndose amo del tiempo y tener la tranquilidad de que el tiempo disponible se dedica a lo que a uno le es realmente importante, con intención y atención.
    Marcar un ritmo propio con el cual uno mismo se siente cómodo, sin dejar que nos pase la vida de lado y nos preguntemos donde ha ido el tiempo. Es dar un paso atrás, respirar y observar.

    Es salir de la competición de estar ocupado.

    Parece que es lo que nos define hoy en día. Cuanto menos tiempo tengamos y más nos podamos quejar más importantes somos. Estar ocupado es sinónimo de tener la vida controlada, de ser alguien importante, alguien que tiene mucho en su plato y que hay que admirar. Cierto? Las personas que no están ocupadas y que no tienen la agenda a rebozar parecen perezosas o de poca importancia. Curioso. Debería de ser al revés. ¡El que más tiempo libre tiene, mejor se lo monta!

    Estar ocupado es una decisión personal.

    Esto de estar ocupado o suspirar por todo lo que tenemos que hacer es decisión propia. Yo decido de que llenar mi agenda y si lo que tengo delante hoy me parece acaparador o si es algo que, poquito a poco, podré ir acabando a lo largo del día. ¿No te ha pasado nunca? Tienes tres cosas para hacer en una mañana. Tareas que te parecen gigantes. Y resulta que una vez puesta en ello, pasito a pasito, lo tienes acabado antes de tiempo y te has desesperado por nada. ¡Manos arriba! Soy 100% culpable y victima de este juego mental.

    ¿Qué puedo hacer para hacer la vida más lenta?

    Priorizar

    Un aspecto que creo tiene gran importancia es tener claras mis prioridades. Hay personas que las tienen definidas de forma instintiva y consciente y no tienen problemas en saber qué tipo de evento o tarea les es importante. A mí personalmente sentarme, respirar y escuchar qué es realmente relevante en mi vida me facilita decidir qué actos me harán más feliz – a corto o largo plazo – y cuales puedo saltar para ser libre de compromisos innecesarios.
    El orden de importancia de familia, pareja, salud, ejercicio, trabajo, dinero, objetivos, religión, tiempo libre… Es lo que nos permite definir el orden de preferencias de actividades y eventos de la vida y nos dará respuestas de forma automática en muchas ocasiones. Además se puede aplicar también a la economía casera o a otros tipos de decisiones que tomar.

    Reducir

    Después de crear mi lista de prioridades es mucho más sencillo reducir la «paja» de mi tiempo y cabeza. No dedicaré tiempo a cosas que están en última posición, a no ser que sea alguna cosa realmente necesaria.
    Es el momento de darse cuenta de todo lo que hay en mi agenda que en realidad no quiero hacer, no me llena con alegría o no me da ninguna cosa importante a cambio. Es una forma de enfocarse en todo lo que sí decidimos dejar en nuestra vida porque podremos dedicarle más atención.

    Disfrutar del proceso

    Todo en la vida son procesos. Formar una familia, aprender algo, crear cosas nuevas, fundar una empresa, una asociación, plantar un huerto o construir una casa. ¡Todo!
    El problema que tenemos hoy en día, sobretodo por redes sociales, es que vemos los procesos ya acabados de otros y pensamos que cuando lleguemos a eso que ellos tienen, será el momento en que obtendremos nuestra felicidad absoluta. Un gran error.

    Resulta que cuando llegas a la cima de la montaña a la cual querías subir para obtener la felicidad del otro, miras a tu alrededor y te das cuenta que en realidad no te satisface la vista, que en realidad está en la montaña de al lado lo que realmente querías y que te has equivocado de montaña. Entonces llega la frustración – tienes que volver a empezar a subir una montaña distinta.
    ¿Cómo solucionarlo? Disfrutando del proceso. Cuando llegas a la cima puedes disfrutar de lo que ves, mirando atrás sin remordimientos y viendo que hay más procesos por disfrutar delante de ti al descubrir más mundo y otros montes desconocidos.
    Sentir gozo en cada paso que damos y de todo lo que nos encontramos por el camino es una forma de vivir positiva y optimista. Sin prisas ni ansiedad.

    No significa que uno no se encuentre con contratiempos o retos desagradables, pero si en todo intentamos ver algo bueno – experiencia, aprendizaje, cambios de rumbo – podemos superarlos con otra mentalidad.

    Dejar de comparar

    Hoy en día vivimos una gran competición. Es constante. No pasamos un día sin comparar quién tiene más éxito, quién es más guapo, rico, inteligente, exitoso, feliz. Nos puede tirar hacia delante en muchos casos, pero también nos hace perder de vista la importancia de vivir el momento y de lo que realmente nos importa a nosotros mismos. Aceptar qué tenemos y que somos nos permite dar un paso atrás y apreciar todo lo que ya hemos conseguido, lo que tenemos y el mundo de posibilidades que nos quedan por delante.

    Imagen de Free-Photos en Pixabay

    Abrazar el silencio

    Una cosa que realmente me da el sentimiento de estar disfrutando de la vida es cuando escucho mi propia cabeza. Es una cosa que casi nunca se aprecia hoy en día, porque, siendo sincera, casi nunca hay silencio. La TV, radio, podcast, playlist… Son sonidos de fondo que a veces están muy bien, pero apreciar el silencio y dar voz a nuestro subconsciente no es mala idea de vez en cuando.
    Me permite fluir ideas, hacer las paces con conflictos internos que tengo de los que, a veces, no soy ni consciente. Me permite tener nuevas ideas de negocio, manualidades o actividades o incluso cambiar la forma en la que me acerco a un problema.
    También es bueno para conocerme mejor a mi misma. Si, suena absurdo, pero, ¿cuantas veces dejas terminar de hablar a esa vocecita interior que nos acompaña todo el día?

    Estar presente

    De la misma manera que veo importante apreciar el silencio, veo importante estar presente en muchos momentos importantes. En mi caso eso se traduce al tiempo que paso con los niños. Estar presente. Tengo que confesar que este punto es muy simple y muy complicado a la vez.
    Parece que cuando los niños juegan entre ellos y no requieren mi atención, mi móvil me absorbe. Whatsapps o mails por leer o contestar, ideas nuevas a descubrir en Pinterest, o cualquier otra cosa mágica que puedo sacar del pequeño dispositivo para aprovechar el tiempo. No suena tan mal, pero en realidad es grave.

    Cuando los niños me interrumpen me molesta y quieras o no, no debería ser así. Cuando me doy cuenta y dejo el móvil de lado es cuando veo la belleza del momento, siento el orgullo por ellos y las personitas en las que se están convirtiendo. El momento pasa y no vuelve, y esos sentimientos son una cosa que el móvil definitivamente no me puede dar.
    Aprovechar este tipo de momento; con amigos, familia o pareja… Es de lo que se trata en el slow living, porque el día de mañana sea libre de arrepentimiento.

    Valorar y agradecer

    Parece que valorar y agradecer se están convirtiendo en actos de, cada vez, menor importancia. Antes quizás las circunstancias de guerras y la influencia de la religión nos hacían recordar, pero la primera por suerte no la hemos vivido la mayoría y la segunda no es practicada como en otras épocas. Pero para agradecer no necesito ser religiosa.

    Podemos dar las gracias por un techo y una nevera con comida. Cosas que damos por hecho. Pero queremos más y eso genera ansiedad; Queremos hacer al menos un viaje al año para ver un país paradisíaco, queremos tener el último modelo de portátil o smartphone, ese pintalabios que promociona alguna famosa y un váter que se limpie solo si posible (vale, esto último no es indispensable, pero sería muy práctico)

    Como damos por sentado todas las necesidades básicas somos incapaces de dar las gracias por ellas. Lo exigimos como algo mínimo sin valorar que son cosas que otras personas solo tienen en sueños. Somos afortunados y no somos capaces de ni siquiera verlo.
    Habitualmente nos damos cuenta de las cosas cuando ya es demasiado tarde. Nos quejamos del coche tartana que tenemos hasta que tiene una avería y tenemos que coger el bus o ir andando. No agradecemos la presencia de ése familiar hasta que vemos el vacío que deja cuando nos abandona. No vemos el coste real de las cosas hasta que no nos las podemos permitir y nos damos cuenta que en realidad eramos afortunados de poder pagarlas.

    Cambiar la mentalidad y ver todo esto en el aquí y ahora hace desaparecer la ansiedad y las «necesidades innecesarias» que nosotros mismos hemos impuesto. Valoraremos las cosas que tenemos sin tener que sentir primero la pérdida y estaremos agradecidos por ello.

    Pasar al modo «slow» en todo lo posible

    Por lo tanto, el tiempo y afecto que dedicamos a las cosas es lo que realmente les da valor. Más que su propio precio (que no es nada más que tiempo dedicado a ganar el dinero). Por este motivo creo que cambiar de mentalidad en ciertas compras y apreciar nuestras pertenencias para valorarlas es, también, una forma de vida lenta.

    La comida, como forma de mimar nuestro cuerpo para tener energía y estar saludables, es dedicar el tiempo y esfuerzo en escoger y seleccionar lo que ingerimos. Comer real es vivir lento – slow living. Las comidas precocinadas no obtienen afecto y así nos las comemos; sin miramientos. Cocinar la comida con dedicación es lo que me hace apreciarla.

    Del mismo modo se puede ver la ropa. Comprar ropa cada estación del año para ir a la última moda le quita valor a la pieza. Gastaré el dinero (tiempo) en ropa que, dentro de nada, habré substituido por la siguiente moda. Prefiero escoger un estilo atemporal, que realmente me guste a mí y me haga sentir cómoda, para poder disfrutar la pieza mucho más tiempo. Todavía mejor si tengo un armario capsula con piezas de calidad y sostenibles.

    Aprender a no hacer nada.

    Esta es la que menos me cuesta, la verdad. Simplemente sentarme y apreciar el entorno. No hacer nada y no pensar en nada. Ralentizar el tiempo y ver todo desde otra perspectiva. Respirar. Observar; personas, el tiempo, insectos, animales, plantas, el cielo, nubes… Simplemente dejar que todo haga lo que tenga que hacer y ser observador del espectáculo. Disfrutarlo. Puede ser el aire que mueve las hojas, el aroma de la lluvia o algún hábito de la vecina de al lado (sin ser cotilla!)
    Estar presente es fijarse en los detalles y ver lo bonita y mágica que puede ser la vida.

    Conclusión

    Con la definición de Slow living, parece que signifique hacer las cosas de forma lenta y no es ese precisamente su significado. Se refiere al hecho que nosotros somos los que marcamos el «tempo» y no nuestro entorno. .

    ¡No significa llegar tarde por todas partes porque hago las cosas a ritmo de caracoles! No! Slow living significa que me tomo más tiempo en hacer las cosas que realmente me importan, descartando las innecesarias para así tener tiempo de llegar puntual a todas partes. Aunque no es realmente una cosa de velocidades, simplemente de ritmos naturales sin carreras de hámster. Consciencia en el aquí y ahora, más que en el mañana.

    Hoy en día lo necesitamos todo para ayer, aunque en realidad no lo necesitamos hasta dentro de 15 días. ¿Te has fijado alguna vez? Hemos cambiado. Todo es para ahora! y cada vez va a más. Es difícil, como en todo, ir a contracorriente y pensar de forma distinta, pero realmente la insatisfacción de la mayoría de la población parece darme la razón.

    Subir al tren del Slow living no tiene efectos secundarios negativos. No hay riesgo mas que el de vivir. ¿Qué te parece? ¿Merece la pena darle unos momentos no? ¡Hazme saber como te va! Comenta aquí o en redes sociales tus progresos y anima a tu entorno a dar el paso. ¡Nunca es tarde para hacer cambios!

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    1 Comment

  • Reply ¿Pantalones rotos? una forma económica y original de repararlos - Mama Retro noviembre 23, 2019 at 10:20 am

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