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    Porqué a mis hijos les gustan las verduras

    Una de las bases para una buena salud es la alimentación. También es la base para un buen crecimiento de nuestros hijos. Si ya leíste el post sobre el «realfooding» sabrás que la alimentación y nutrición es algo a lo que le doy bastante importáncia.

    Cuando educamos a nuestros hijos, creo que un punto importante es enseñarles a cuidar su cuerpo y darle lo que necesita envez de darle lo que pide la cabeza. Menuda tarea me he propuesto! No sé si alcanzaré el objetivo de hacer crecer a estos niños con una relación sana con la comida, lo que sí sé es que llevo bastante bien lo de hacerles comer con ganas alimentos como las verduras y las frutas. Incluso de las que hasta algunos adultos arrugan la nariz!

    Es un tema que causa suspiros en muchas madres, además de la reacción «menuda suerte tienes!». Puede que sí tenga suerte de tener unos hijos que les gusta comer y que a veces se convierten en pequeños glotones, pero la verdura es algo enseñado de casa. No son distintos a otros niños.

    Dando vueltas al tema, me he puesto a pensar qué es lo que me ha ayudado a tener unos niños que no tienen miedo a los vegetales y he dado con, nada más y nada menos que, 20 consejos!!!! 20 razones, tips y estratégias que me han hecho reina de las comidas sin oponentes! Y ahora que me he autonombrado de la realeza, te dejo aquí el armamento para conseguirlo tú también.

    Imagen de vikvarga en Pixabay

    ¿Cómo consigo que coman verduras mis hijo

    1. No tengo miedo. Creo que es uno de los puntos principales en el problema de relación niño/vegetal. La mentalidad de los padres. Si vamos con la imagen en mente de que a los niños no les tiene que gustar la verdura, que solo les gusta un tipo de fruta y que es algo que hay que batallar sí o sí, sería raro encontrarse con lo contrario.
    2. Veo la alimentación, principalmente, como acto para nutrir el cuerpo y garantizar su funcionamiento y crecimiento ideal, no para complacer el paladar (aunque soy de buen comer, no nos engañemos!). Claro que me gustaría darles unas galletas con chocolate pero eso no les aporta nada a su cuerpo. Cuando preparo la comida miro sobretodo lo que contiene a parte de como sabe. Primero analizo qué me interesa que coman, luego cómo hacerlo apetecible. Tener esta relación en mente me ayuda a aguantar posibles batallas.
    3. Me mantengo firme en mis decisiones. La que decide la alimentación de los niños, en su mayoría, soy yo. No cedo a peticiones de galletas ni ultraprocesados, ni tampoco a menús especiales. En el 95% de los casos se llevan un No.
    4. Todos comemos lo mismo. No hago 6 menús distintos para tener contento cada paladar. Hago la comida que toca y es lo que hay. Eso vale para adultos y para niños. No se aceptan reclamaciones 😉
    5. Vamos por delante con ejemplo. Cuando servimos comida que quizás no sea nuestra favorita, no arrugamos la nariz o la despreciamos. También tengo alimentos que no me gustan tanto, pero los como igualmente para mostrarles de que hay que comer de todo por mucho que cueste.
    6. El azúcar es algo especial, no algo que tomen a diario. Los cereales, las barritas, bollos, galletas, batidos de chocolate, zumos de frutas y yogures azucarados no forman parte de nuestra dieta. El único azúcar que toman los niños es el ya presente en productos naturales como la fruta o la miel. Los ultraprocesados y azúcares son para aniversarios, días especiales, caprichos esporádicos o premios. Eso lo descarta como alternativa a esa fruta que no quieren comer – aunque lo intenten miles de veces ese NO sigue siendo la respuesta.
    7. Compro mucha fruta y verdura y nunca ultraprocesados o los mencionados en el punto 6. De ese modo aunque quiera no les puedo dar la alternativa que puedan pedirme y ese «no hay» es verdad.
    8. Busco caprichos sanos. Adoro a mis hijos y yo también quiero darles un capricho de vez en cuando. Pero ¿quién dice que no hay caprichos saludables? Frutas exóticas o de mal preparar como el coco no son habituales en casa , las frambuesas o arándanos son caros y no abuso de ellos. Eso son golosinas que les emociona cuando lo reciben del mismo modo que unas galletas de chocolate 😉
    9. No doy alternativas y si las hay son mas de lo mismo. Basando la alimentación en las verduras y frutas significa que en las 5 comidas que hacen habrá algo vegetal. Toman fruta en el desayuno, en la escuela, para merendar y de postre en las comidas prinipales. La verdura es la base en el almuerzo y la cena. Y no doy opciones para escaquearse. Si no les gusta pueden esperar la siguiente comida.
    10. Pueden decidir pasar hambre. A veces, por cansancio o falta de ganas de pelear, puede que les permita no comer. Por una comida no pasa nada. Eso sí, si se trata de almuerzo o cena no hay postres. Y…
    11. Si veo que se trata simplemente de una pataleta o encontrar límites a veces soy mala y les sirvo esa misma comida de nuevo para merendar. A la siguiente se lo piensan dos veces antes de dejar la verdura.
    12. Comer aunque sea solo un poquito. No les obligo a acabarse un plato entero de cebollas cocinadas, pero sí quiero que le den una oportunidad cada vez que se sirve. Un, dos o tres bocaditos hay que darle 😉
    13. Repetir, repetir y repetir. ¿No les gusta una verdura en concreto? Les acostumbro a ella comiendo aunque sea un poquito. Al mayor por textura no le gustaba la berenjena. A base de repetir recetas con berenjena se ha acostumbrado a su textura y sabor y ahora la come sin problemas. Incluso llega a gustarle!
    14. Pequeñito es mas aguantable. A veces para evitar que me seleccionen ciertas verduras que quizás no les gustan tanto, corto la verdura tan pequeña que no les merece la pena gastar el tiempo de retirarla.
    15. Camuflado en lo que sí les gusta. Arroz a la cubana! que plato! envez de hacerlo con tomate frito les pongo un buen pisto que lleva mas verdura ;-). Puré de patatas, porqué no añadir zanahoria o guisante.
    16. A veces ayudo con un mal menor. Cuando comemos judias verdes, por ejemplo, las trato como unas patatas fritas. Antes les dejaba acompañar con ketchup (llevamos como 1 año y medio sin comprar), ahora lo hacemos con mayonesa casera. Los días que no hay mayonesa se las comen igual de contentos.
    17. El orden importa en el resultado. Con eso me refiero a que, por ejemplo para merendar, primero les doy la pieza de fruta y luego les doy ese «algo más» (bocadillo o lo que sea) que viene a continuación.
    18. Comer juntos. Este punto quizás no sea posible para muchos ni para todas las casas, pero seguro que una comida juntos seguro que es posible de hacer. Yo le doy mucha importáncia a comer en familia, tomamos las 3 comidas juntos y sentados en la mesa. Desayuno, almuerzo y cena. Mientras comemos hablamos e interactuamos. Los niños ven que nos lo comemos todo con normalidad, relacionan la comida con algo positivo – pasar tiempo juntos y explicando sus experiencias- y a veces ni se dan cuenta de que en realidad estan comiendo eso que no les gusta tanto.
    19. Cocinar juntos. Cocinar ellos mismos sus comidas de vez en cuando les despierta el interés por eso que tienen en el plato a parte de darles una muestra del esfuerzo que supone preparar algo sabroso. En casa pelar patatas y zanahorias o cortar judías verdes frescas es una tarea muy solicitada!
    20. Cultivar sus verduras. Aunque sea una tomatera en una maceta o unas especies que utilicéis a menudo. Hacerles ver de donde sale y el esfuerzo que supone hacer crecer ese vegetal es de nuevo una buen enseñanza. Además, cuando realmente llega el momento de la cosecha y pueden comer su propio cultivo no les viene en mente que eso en realidad no les gusta, el orgullo de haber hecho algo propio lo sobrepasa.
    Imagen de Filip Kruchlik en Pixabay

    Conclusión

    Aunque en su mayoría las personas de mi alrededor creen que nuestros hijos han nacido con esa atracción natural por las verduras, creo que al leer los 20 puntos de arriba se entiende que también hay un poquito de actitud y esfuerzo detras de ello. Nada, sólo un poquito. (Lo siento, necesitaba tirarme esas flores!).

    También tengo mis batallitas a la hora de comer, las mismas que puede tener cualquier otra madre, pero voy con armas cargadas de estas estratégias para escoger la que mas se ajuste a la situación.

    Creo que es fácil perder de vista que está en juego mucho mas que solo ese plato de verduras. Está claro que no van a morir de hambre si no comen sus vegetales, pero sí afectará al buen funcionamiento de su organismo. «Somos lo que comemos» no es una frase hecha a la ligera. Tampoco lo es el hecho de que la infancia pone la base de nuestros hábitos de adulto.

    Tenemos la posibilidad de escoger qué comer y quiero escoger aquello que es bueno para mi cuerpo y el de mis hijos. Les quiero proporcionar una salud y crecimiento que les permita tomar la vida con energía y alegría, y en mi opinion, eso empieza con su alimentación.

    Espero que te lleves algún que otro truco para mejorar la relación con las verduras de tu hij@.

    Saludos!

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